MI VOTO, ROJO O BLANCO.
Se lo debo Rojo, a los sin techo, para que disfrutar del cielo azul sea un placer y no una obligación.
Se lo debo Rojo, a los sin papeles, porque ninguna persona en el mundo puede ser ilegal.
Se lo debo Rojo, a los hambrientos, porque nadie debería pasar hambre.
Se lo debo Rojo, a nuestros viejos, para demostrarles mi respeto, y servirlos como ellos nos sirvieron a nosotros.
Se lo debo Rojo, a nuestros niños, porque merecen ser educados en la comprensión y no en la confrontación.
Se lo debo Rojo, a nuestras mujeres, porque ya basta de tanta violencia y de tratarlas como simples agujeros.
Se lo debo Rojo, a los inmigrantes, porque nos devuelven nuestra dignidad perdida.
Se lo debo Rojo, a los emigrantes forzosos, para que vuelvan.
Se lo debo Rojo, a la memoria, porque sin ella no somos nada.
Se lo debo Rojo, a la República, porque nos la arrebataron unos asesinos.
Se lo debo Rojo, a todos los terrorismos, porque ninguna causa justifica una muerte.
Se lo debo Rojo, a la derecha, porque por encima de la economía están las personas, pero ellos jamás lo entenderán.
Se lo debo Rojo, a los que todavía están enterrados en las cunetas, para recordarlos, homenajearlos y devolverles la dignidad perdida a sus familias.
Se lo debo Blanco, a los políticos de Izquierda, para que recuperen el rumbo, la dignidad y las ideas.
Se lo debo Rojo, y Blanco a mi hija, para que su futuro sea mejor que este presente.
Se lo debo Rojo, y Blanco a mi abuelo, que murió antes de poder volver a votar.

