Archive for Maig, 2007

Elecciones 2007: ¡A la puta calle!

Dando vueltas al bolso, mareando el contenido de las ideas por si en los nuevos tiempos, encuentros, las combinaciones de las palabras o cualquier otra comunicación no verbal resulta sorprendente y resolutiva. Puede ser que lo este dejando, como la canción, pero mientras tanto abrazo la esquina.

Ni bombo, ni platillo, solo el ruido de la marea humana que se desfila por las calles en la manada. Hay diferencias de imagen entre los unos y los otros, los que poseen y arrastran a los que creen poseer, los que poseen y arrastran a los que saben que no poseen y a los que solo les queda la conciencia de clase, esa clase obrera, desmarcada, desclasificada en archivos remotos.

Solo nos queda la palabra, el subversivo gesto de revindicar el ser persona, el revolucionario respeto al otro que recibe el mismo derecho que tu por nacimiento, la rebelde posición de horizontalidad en el intercambio del lenguaje comunicacional que nos permite presentarnos como sapiens. La valentía de saber que tu individualidad se media y conforma en la pertenencia a la especie, que nadie tiene derecho a aplastarte, intimidarte, amordazarte, explotarte, que tu deber es su derecho y su saber el tuyo.

Al saberse puta, la calle nos pertenece como lugar común para festejar el cansancio de ser extraños, el hartazgo de todos aquellos que nos representan en este devenir que aborda el mundo como una venta de esclavos y pantallas, paginas y agendas que se van abriendo a lo largo del día, esa masa encefálica plana del precario bienestar que nos roba el sentido más común.

Tirarse a la calle, doloridos y esquinados en el transito de los conflictos internos de esta destrucción masiva, desplegando artes de persuasión con caídas de ojos, tacones de aguja, vestidos abiertos y lenguaje corporal desinhibido, por aquello de huir de la producción en cadena, que nos condena en cada paso del camino mercado.

A la calle, como acto multiplicado del artista que llevamos dentro, tango pausado, arrimado, doliente, apretado, abrazado, como deseo humano expuesto y contenido.

Putas, putos y mestizos, despojados, desnudos de nacimiento, descreídos… A la calle… deslizados en pasos de baile, apoyados en las esquinas del verlas venir, crecidos e inspirados en las lunas de las nadas… a seducir, a bailar, a laborar. A la calle… ¡A la puta calle!

LQS

TOD@S IGUALES, TOD@S CIUDADAN@S (¿MIEDO? 3)

Se llama Xochitl, tuvo que deletreármelo entre risas para que pudiera entenderlo, pequeña y menuda con cara de indígena, del estado Mexicano de Aguascalientes.

Quedamos a las 11 de la mañana, desde el primer momento, entre juegos con mi peque y risas quiso decirme a quien iba a votar, yo le pedí que no lo hiciera, ella prometió no hacerlo.

Lleva tres años en Barcelona, se enamoró de un Catalán que la dejo colgada al poco de llegar aquí, esas cosas que pasan por los Chats, decía ella, te venden una imagen y la realidad es bien distinta.

Estuvimos hablando unas dos horas antes de ir al colegio electoral, la verdad es que habló más con mi compañera y con mi peque que conmigo, llegamos al colegio electoral yo entregue mi DNI y ella la papeleta.

Yo, voté derechos, ella ilusiones.

No se lo que votó, pero si lo que no votó, para mi tranquilidad me dijo, no he votado ninguna opción de derechas, ni Ciutadans, ni PP.

Hemos quedado para que nos prepare una buena comida Mexicana.

TO BE CONTINUED.

ConFianza

Hola Mariano,

Esta vez te escribo para felicitarte, porque el slogan elegido para tu campaña le va como anillo al dedo a muchos de tus correligionarios:

Con Fianza en el Futuro
Con Fianza en el Futuro
Con Fianza en el Futuro
Con Fianza en el Futuro

en fin Mariano, se que tu partido es muy solvente en cuestiones monetarias, dada la cantidad de aportaciones anónimas que recibe, aún así, espero que no llegeis a la quiebra después del pago de tantas fianzas.

A veces los sueños se hacen realidad

Hay días, los más, que te levantas y la primera noticia que lees te hace cabrearte para el resto del día.

Otros, los menos, que te hacen sonreir……

… y otros, los casi desaparecidos, te hacen gritar de alegria, soñar y pensar que la UTOPIA está más cerca, pisándole los talones a la realidad.

A raiz de una noticia escondida en las páginas del Pais, llego a una web y me encuentro con esto:

Y mientras luchábamos por la tierra, por la industria, por el empleo, nos dimos cuenta que había otros derechos elementales que había que conseguir. Y la primera necesidad que detectamos fue la falta de viviendas pero también nos dimos cuenta que nuestros ancianos no tenían un lugar donde estar después de tantos años de sufrimiento y escoceses, tampoco había consultorio médico, ni guardería infantil, ni instalaciones deportivas y las calles estaban sin asfaltar y apenas sin luz…

Por Democracia Social entendemos el acceso a todos los bienestares sin límites de la totalidad de los habitantes de nuestro pueblo. Siempre hemos pensado que la libertad sin igualdad no es nada y la democracia sin bienestares concretos para la gente concreta es una palabra vacía y un engaño para hacer creer a la gente que es parte de un proyecto cuando realmente no se cuenta con esa gente para nada.

Nos parecía que en este campo no había que tener límites. Que los bienestares colectivos deben soñarse por el pueblo y deben convertirse más adelante con lucha en realidad porque ninguna de las aspiraciones populares por aparentemente inalcanzable que parezca puede ser negada ni en el pensamiento ni en la acción por la izquierda si ésta es auténticamente revolucionaria.

Así que nos pusimos a conquistar toda y cada una de aquellas cosas que a simple vista nos faltaban.

Navegando por sus páginas, a cada una mas ilusionante que la anterior, uno iba descubriendo como esa introducción, no eran meras palabras, o un hablar por hablar.

Descubria como sus ciudadanos accedian a viviendas dignas por el modico precio de 15€ al mes, como se construian servicios sociales, Escuelas, Institutos, como se atendian a sus ancianos en sus propias casas y se les construian locales de reunion, en fin como se hacia realidad eso que en boca de nuestros afamados politicos se llama ESTADO DEL BIENESTAR.

Algunos dirán, otra vez este Puto Rojo de Mierda, hablando de Chavez o de Castro, de Stalin o de Evo Morales, pues no, este Puto Rojo de Mierda, esta hablando de otro Puto Rojo, y a éste no hay que buscarlo en Desiertos Lejanos, esta aquí en nuestro pais, se llama, José Sánchez Gordillo y ha hecho realidad la Utopia en Marinaleda

¿Miedo?

Esta noche he tenido una pesadilla.

Sí, esta noche he tenido una pesadilla: estoy en una cola de gente. Estoy en la cola de un colegio electoral. Estoy en la cola de un colegio electoral, me voy acercando a la mesa, ya casi me toca, casi puedo acariciar la urna. Estoy a punto de meter el sobre cuando el presidente me tapa la raja de la urna y dice:

“Lo siento. No está usted en la lista”.

¿Está bromeando? No, resulta que habla en serio, puedo comprobarlo cuando pone la lista ante mí: mi nombre no aparece. El presidente de la mesa es muy amable, en mis pesadillas siempre hay un tipo muy amable. En esta pesadilla, el tipo amable es el presidente de la mesa electoral. El presidente de la mesa relee la lista de arriba abajo y de abajo arriba y al final dice:

“No es nada personal. No tenemos nada contra usted. Sabemos quién es usted, lo conocemos, sabemos dónde vive, lo apreciamos. No es nada personal. Hay otros casos”.

Me alivia la amabilidad de ese hombre, pero la gente que está detrás de mí empieza a quejarse, alguien grita que me quite de en medio:

“!Si no está en la lista, apártese de la cola!”.

Ya, ya sé, hay pesadillas peores, lo de convertirse en insecto y cosas así, pero a mí descubrir que no estoy en la lista me deprime. Ya sé que lo de votar casi siempre me da mucha pereza, ya sé que a veces no sabe uno a quién votar, pero eso también tiene su importancia, no saber a quién votar, cagarse en los candidatos y luego votar o no, pero tener derecho a hacerlo. Estar en la lista. Estar en la cola. Y salirse de la cola porque a uno le da la gana, y no porque alguien le grite a uno:

“!Si no está en la lista, apártese de la cola!”.

El caso es que el presidente, viéndome decaído, me dice, en un tono muy amable:

“Puede tratarse de un error. No somos perfectos. Vaya al Colegio Electoral Central. Es el corazón de nuestra democracia. El custodio de los derechos humanos. Si usted merece estar en la lista, ellos le incluirán. Ellos tienen la lista madre”.

“La lista madre”. Nunca había oído hablar de ella. Pero parece lógico que exista algo así, la madre de todas las listas. El caso es que, como a veces sucede en los sueños, de un salto llego al Colegio Electoral Central. El corazón de la democracia. El custodio de los derechos humanos. Siento una enorme gratitud al ver a todos esos hombres trabajando.

“Vengo a consultar la lista madre”.

Por el modo en que se miran, me doy cuenta de que ellos sospechan que no, que no estoy en la lista madre. Y es así: no hay en la lista rastro de mi nombre.

“No es nada personal”, me dicen amablemente. “No tenemos nada contra usted. Sabemos quién es usted, lo conocemos, sabemos dónde vive, lo apreciamos. No es nada personal. Hay otros casos”.

Me empieza a molestar tanta amabilidad. Todos son muy amables, pero ¿por qué será que siento que me están escupiendo? Si me conocen, si saben dónde vivo, si me aprecian, ¿por qué no estoy en la lista?

“¿No será que usted no nació aquí?”, me dice uno de ellos.

La verdad es que no lo recuerdo. No recuerdo si nací aquí o fuera de aquí, ¿qué significa “aquí”?, hace mucho tiempo de eso, toda mi vida, ¿qué importancia tiene aquello a estas alturas? Supongamos que no, que no hubiese nacido aquí.

“Si uno no ha nacido aquí, ¿qué hay que hacer para entrar en la lista? ¿Hay algún examen? Estoy dispuesto a esforzarme. ¿Es un problema de dinero? He oído que algunos futbolistas consiguen, en un tiempo récord…”.

A ellos no les gusta que lleve por ahí el tema, no les gusta que les hable de los futbolistas.

Todos empiezan a hablar a la vez. Uno dice “Democracia”, otro “Derechos humanos”, otro “Constitución”… Como hablan a la vez, yo sólo oigo “Bla-bla-bla…”. Hasta que uno consigue imponer su voz sobre las demás y dice:

“No se deje confundir. No es nada personal. No tenemos nada contra usted. Sabemos quién es usted, lo conocemos, sabemos dónde vive, lo apreciamos. No es nada personal. Hay otros casos”.

Empiezo a pensar que sí tienen algo personal contra mí.

“No sean tan amables conmigo y hagan el favor de incluir mi nombre en la lista. ¿O es que tienen miedo a que yo vote?”.

A ellos les disgusta esa pregunta.

“¿Cómo se le ocurre hablarnos en ese tono? ¿Nos habla así y pretende votar? Nosotros lo estamos tratando con respeto. No le recordamos a cada momento que es usted extranjero, no le preguntamos a cada momento dónde nació, le hemos dado hospitalidad y usted nos paga así nuestra hospitalidad. Cómo se ve que no es usted uno de los nuestros. Da miedo pensar qué haría usted con su voto, si le dejásemos votar. Da miedo”.

Así que tenía yo razón, me digo, tienen miedo de mí y de mi voto. ¿Por qué? ¿Quién tiene miedo a que yo vote? ¿Quién tiene miedo a que yo vote? ¿Quién tiene miedo a la democracia?

¿Quién tiene miedo a la democracia? Noto que me estoy despertando, porque las palabras se quedan colgadas en el fondo de mi cabeza, se repiten como un eco en la cabeza, ¿quién tiene miedo a la democracia?, ¿quién tiene miedo a la democracia?, ¿quién tiene miedo a que yo vote?, ¿quién tiene miedo a que yo vote?, ¿quién tiene miedo a que yo vote?

Juan Mayorga

Un sable, un voto

Dada mi ignorancia de la cosa política me pareció una interesante iniciativa la de compartir el voto. La propuesta la ha hecho SOS Racisme y consiste en emparejarte -electoralmente- con un extranjero que viva en Cataluña pero no pueda votar en las municipales, y hacerlo tú por él. Me puse en contacto con la organización y una joven muy simpática me explicó los pormenores: “Si se cede es con todas las consecuencias y la persona que comparte debe ser realmente la que elija el voto. Usted se limita a acompañarle e introducir el sobre en la urna. Si ya sabe de alguien con quien compartir lo puede hacer, y si no le buscamos pareja”. La pareja no te la atribuyen hasta el mismo 27-M, así que me puse a buscar por mi cuenta. En el barrio gótico abordé a un espigado africano y le pregunté directamente si quería mi voto. Se mostró sorprendido e incluso algo alarmado. Era senegalés y no tardó en aducir una excusa para seguir su camino. Tampoco tuve suerte en el Raval, donde uno se siente como Hugh Gough, de la caballería ligera, en Lucknow durante el Mutiny, y donde un grupito de paquistaníes declinaron uno por uno votar conmigo, entre risas nerviosas.

“Si quieres voto yo por ti”, me dijo al verme abatido y explicarle la razón -nadie me quiere electoralmente- Imre Dobos, mi maestro húngaro de esgrima. Es cierto que, pese a sus ancestros nómadas y su aire de guerrero escita, Imi pertenece a un país comunitario y legalmente podría votar, pero, me explicó, le había pasado el plazo. Me pareció bonito cederle mi voto a alguien tan austrohúngaro como él, lo más cercano a delegar en el conde Almásy. “¡Qué bien, votaré a Portabella!”, exclamó. Me quedé de piedra -¡mi voto para el candidato en albornoz!- y pensé en retirar ahí mismo el ofrecimiento y emparejarme con un tendero chino. “Es broma, no es mi tipo electoral”, rió. Le pregunté qué esperaba del nuevo alcalde. “Que arregle lo de la seguridad”. Que lo dijera un corpulento maestro de esgrima me hizo pensar que las cosas estaban en la calle peor de lo que creía.

Imi se quejó también de la poca ayuda que recibe para cuidar de sus pequeños gemelos y de la falta de guarderías públicas. Él y su mujer peruana, Keila, que es ortopeda (gran pareja para un esgrimista), han de hacer malabarismos para trabajar y ocuparse de los niños. Yo reivindico desde aquí que alguien ayude a Imi para que pueda descansar bien y no se nos ponga de mal humor en clase con el sable en la mano, que es un trance, señores. “Creo que utilizaré tu oferta para votar a los comunistas, a IC”, concluyó Imi. Dijo eso, comunistas y no ecosocialistas. Me extrañó, porque él, precisamente, se escapó de Hungría en el 82 mientras hacía la mili llevándose incluso el uniforme. Diablos, Imi, ¿pero no detestabas a los comunistas y hasta tenías dos tías que habían militado en la Cruz Flechada de Szalasi? “¿Yo? Qué va, si hasta fui secretario del partido en la escuela de esgrima y miembro del Konsomol”. Todavía faltan días hasta las elecciones, pero Imi se ha tomado mi voto con una gran ilusión, y ahora cualquiera se lo quita.

Jacinto Antón 15/05/2007

Yo acabo de apuntarme aqui

Un agujero en el estómago

Se va, se que no es para siempre, se va de Colonias (campamentos), tres días, dos noches, pero no puedo evitar esa sensación de desasosiego, sus primeras dos noches fuera de casa, ¿Qué sentiré al ver su habitación vacía?.

No puedo evitarlo, ayer enseñándole, como guardar el saco de dormir, como doblar el chubasquero y recoger la mochila, las lágrimas afluían a mis ojos, nueve añitos, sólo nueve.

No es la primera vez y tampoco será la última, pero la sensación de vacío cuando ella no está, por momentos es insufrible, contando el tiempo que falta, y esperando que pase lo más pronto posible e intentando rellenar insufriblemente su vació.

¿Podré acostumbrarme algún día? O como decía Joan Manuel Serrat, tendré que resignarme:

A menudo los hijos se nos parecen,
y así nos dan la primera satisfacción;
ésos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.

Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, (dicen) que hay que domesticar.

Niño,
deja ya de joder con la pelota.
Niño,
que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
con nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir.

Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada
y en cada canción.

Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día
nos digan adiós.